
Un proyecto que unió arte, viaje y arquitectura efímera. Dos años que aún laten en la memoria.
Por Federico Rodríguez Páez
El viaje
El sueño comenzó en el camino. Era 2014, año del Mundial de Brasil.
Ya tenía en marcha el F&F de Punta del Este, pero algo me impulsaba a ir más lejos.
Compré una Volkswagen Kombi del 66, motor 1200, y la transformé por completo.
De noche era nuestra casa; de día, un bar.
Tres personas dormíamos dentro, en un espacio que cambiaba de forma con cada amanecer: el asiento se convertía en cama, el techo se abría, las luces LED dibujaban el límite entre la aventura y el descanso.
Partimos rumbo al norte vendiendo caipirinhas en la ruta.
Recorrimos Torres, Praia da Rosa, Ferrugem, Los Molhes y Barra da Lagoa, avanzando por las costas del sur brasileño.
La Kombi era nuestro universo móvil, una mezcla de riesgo, ingenio y fe.
A mitad del viaje la realidad nos puso a prueba.
Llevábamos más de 150 kilos de peso extra sobre el techo —una caja de hierro que habíamos construido nosotros mismos— y la ruta se volvía cada vez más peligrosa.
Los camiones nos succionaban al pasar.
Una tarde detuve la Kombi, tomé la sierra y corté todo.
Vendimos escaleras, herramientas, hierro… todo lo que fuera necesario para seguir.
Fue un acto de desprendimiento, pero también de supervivencia.
Así continuamos: más livianos, más vulnerables, pero también más libres.

“La Kombi transformada en hogar y bar durante el viaje al Mundial de Brasil, 2014.”
El hallazgo
Florianópolis apareció como una revelación.
Praia Mole, con su energía eléctrica y su horizonte cambiante, fue el punto exacto donde el viaje se convirtió en destino.
Primero vimos una casa que no se dio.
Después apareció otra, escondida entre la vegetación: una construcción abandonada, vencida por la humedad y el tiempo.
Era el desafío perfecto.
Durante ocho meses trabajé sin descanso.
Transformé el abandono en belleza.
Diseñé una cocina encajada en una roca del morro, construí senderos de piedra, terrazas de madera y un jardín que dialogaba con la selva.
Hice todo el paisajismo con mis propias manos.
Y de ese caos surgió algo nuevo:
el F&F Hostel Florianópolis, frente al Atlántico, en lo alto de Praia Mole, con una bandera flameando sobre el viento.
Allí se cruzaban viajeros, surfistas, artistas y músicos.
La casa respiraba.
Y cada noche, mientras el mar sonaba como un animal dormido, sentía que todo lo que había soñado había tomado forma.

Desde la terraza, el sol se hundía en el Atlántico. Cada tarde era una despedida distinta.
La resistencia
Nada fue fácil.
Brasil tiene una belleza desmesurada, pero también un pulso salvaje.
No ser local fue un desafío constante: contratos débiles, leyes difusas, intereses cruzados.
Después de levantar un lugar que estaba muerto, quisieron arrebatármelo.
Pero el valor de una obra no se mide por cuánto dura, sino por lo que deja.
Y lo que dejó fue inmenso.
Cuando llegó el momento de partir, muchos me dijeron que dejara la Kombi allá, que no lograría volver.
Los mecánicos advertían: “te vas a matar en la ruta.”
Yo respondí: “me la traje hasta acá, y me la voy a volver a llevar.”
Y así fue.
Cruzamos la frontera bajo la lluvia, de madrugada, con el chasis casi rendido y el limpiaparabrisas roto.
Llegamos a Uruguay exhaustos, empapados, pero vivos.
Y la Kombi —esa Máquina de Sueños— sigue conmigo hoy.

Desde la terraza, el sol se hundía en el mar cada tarde: una postal viva.
El legado
El F&F Hostel Florianópolis funcionó casi dos años.
Y fue una obra completa: arquitectura, arte, paisaje y vida entrelazados en un solo gesto.
Nació del riesgo, del instinto y de una convicción inquebrantable:
que lo que uno imagina puede volverse real si se sostiene con pasión.
No fue solo un hostel.
Fue una manera de entender el mundo.
Un manifiesto hecho madera, piedra y viento.
Una lección sobre lo que la constancia puede transformar.
Hoy lo veo como una obra efímera y necesaria,
construida para existir intensamente, aunque fuera por poco.
Porque algunas cosas no están hechas para durar:
están hechas para dejar huella.
Y en esa bandera que una vez flameó sobre Praia Mole,
todavía vive el mismo fuego.
—
Federico Rodríguez Páez
Fundador de F&F Hostel (Punta del Este y Florianópolis)
Artista visual y empresario uruguayo
https://federicorodriguezpaez.art.blog
